24 jun. 2009

Peter Doherty - Grace/Wastelands

Continuamos con la serie de colaboraciones que escribo para Rocktails con una semblanza del primer y sorprendente disco en solitario del ex Libertines Peter Doherty, titulado Grace/Wastelands.



Peter Doherty
Grace/Wastelands (EMI, 2009)

Figura díscola y eternamente polémica del rock británico, aparente mesías nunca realizado de toda la música de aquella región, este ya treintañero músico llega por primera vez a las bateas con un disco de factura propia al que titula Grace/Wastelands y para el que -seguramente ansiando que se lo tomen en serio- abandona su seudónimo por un nombre más serio: ya no es más Pete. Ahora llámenlo Peter Doherty, que de él se trata.

Y si ustedes son, como yo, uno de esos incrédulos que jamás le vio el mérito ni a los híper inflados The Libertines ni a los posteriores Babyshambles y siempre pensó en Doherty más como uno de esos simpáticos personajes a los que los tabloides británicos aman odiar que como un músico de fuste, Grace/Wastelands los va a sorprender. Porque ya desde el hermoso medio-tiempo que abre el disco, la melancólica "Arcady", Pete(r) demuestra que para él ha llegado el tiempo de dejar atrás los escándalos y el espíritu inconstante y madurar.

Claro que para ello no se privó de nada y convocó a otro de los grandes genios ignorados de la música británica del siglo XX para acá: el enorme Graham Coxon, ex y ahora reunido guitarrista de Blur cuyos discos solistas (chequeen si no Happiness In Magazines, 2004 o Love Travels At Illegal Speeds del '06 como botones de muestra) se cuentan entre lo mejor que haya venido de aquel lado del Atlántico en nuestros tiempos. Coxon le da, con su particular modo de tocar la guitarra, un ambiente idóneo a la -hay que reconocerlo- expresiva voz de Doherty para recorrer canciones casi autobiográficas, permanentemente referenciales y (lo que es más interesante) estupendamente bien compuestas y producidas con la ayuda de otro grande: Stephen Street, responsable entre otras gemas de Meat Is Murder (Smiths, '85), Parklife y Blur (Blur, 1994 y '97) y No Need To Argue (Cranberries, 1994).

Rodeado casi por un equipo de los sueños, Doherty da lugar a lo que seguramente sea el mejor material que ha grabado: 40 breves pero intensos minutos de canciones acústicas de íntima relación con el mejor brit-pop de mediados de los '90 pero con un toque actualizado y -lo que es más importante- maduro. Los que hayan escuchado ese caos sonoro que fueron los Babyshambles jamás podrán creer que este tipo que canta preciosamente "I Am The Rain" (una de las joyas del álbum) con evidentes préstamos beatle sea el mismo que se desgañitaba autodestructivo allí. Ojalá no nos engañe, porque en base a lo que se puede escuchar en Grace/Wastelands podríamos esperar por un Doherty adulto que finalmente le de al rock todo lo que la prensa británica (acostumbrada a inflar inmerecidamente a unos e ignorar de forma despiadada a otros, de todos modos) insinúa que Pete(r) puede hacer.

En definitiva: bien por Pete(r) Doherty, bien por este Grace/Wastelands. Que sea el inicio de un romance nuevo para el siempre caótico Pete: uno que lo una a lo que se ve que cuando quiere sabe hacer, música. Si no escuchen "Sweet By And By" y me cuentan.

[Publicado originalmente el 22 de junio de 2009 en Rocktails.]

11 jun. 2009

Reflexiones sobre Damo Suzuki en Argentina

Mi (por ahora) última colaboración con la gente de Rocktails ha sido una especie de crítica sobre el reciente show de Damo Suzuki en el ND Ateneo. Por sus características particulares, lo que salió fue -en lugar de una semblanza sobre el recital- una serie de ideas sueltas relacionadas con el recital. Que las disfruten.



Reflexiones sobre Damo Suzuki en Argentina


El sábado estuve en el ND Ateneo, donde el genial Damo Suzuki -acompañado por una decena de músicos argentinos: los cuatro Pez, los tres ÜL (ex Reynols y organizadores de la velada), Hernán Espejo (alias Compañero Asma) y un par de los Honduras- hizo una nueva escala en su Never Ending World Tour en el que, como desde hace años, se dedica a sesiones de extensa creación única e instantánea. La imposibilidad de una crítica "formal" y el muy especial ámbito hicieron mella en mí, disparándome una serie de pensamientos que hoy comparto con ustedes.

Uno. Los que estuvimos en el Ateneo el sábado tuvimos una suerte única: presenciamos el acto más magnánimo del hombre -la creación espontánea- en todo su esplendor. Durante dos horas, Suzuki fue el capitán de un barco que generó rápidas instantáneas irrepetibles, etéreas y que se desvanecieron tan pronto como aparecieron, quedando sin embargo grabadas en el cerebro y la retina en una mezcla de ambrosía y estupor sin precedentes. La memoria no recoge momentos puntuales en el show y eso es bello: el recuerdo se construye a través de sentimientos, sensaciones tan únicas e irrepetibles como lo generado allí. Puedo rememorar lo que sentí cuando los muchachos llegaban a esos cénit de entendimiento mutuo que partían el aire del lugar con su certidumbre; casi paladeo el sabor de las lenguas de fuego despedidas en forma de letras igualmente improvisadas por Damo; pero no me pidan que les recuerde estructuras musicales. Este recuerdo no se construye así, este recital se sintió, no se escuchó: se experimentó con todo el cuerpo.

Dos. Esta experiencia única desató en el público una especie de feliz anarquía que imitaba el ir y venir de músicos en el escenario mediante gente bailando parada en los pasillos, personas acercándose al borde de la escena a abrazar a Suzuki, gente aplaudiendo de pie y a los gritos, un pullman donde ya no existía la convención del asiento. El contagio llegó más allá de la mera apreciación musical y creó un fenómeno de empatía: Damo nos transmitió la necesidad imperiosa de estar ahí con un motivo, divertirse, dejar los límites en el vidriado hall del Ateneo y dejarse llevar. El impacto de aquel convite donde todos hacían -arriba- lo que les venía en gana en consonancia y comunión con el otro hizo desplegar una de las mejores (y olvidadas) cualidades humanas: el saber que toda noche es única, que el momento de ser feliz es hoy. Damo nos hizo felices, nos mostró que las convenciones son cárceles y que uno puede ser libre si quiere, aunque sea por un rato nomás.

Tres. Si hay algo que quedó claro después de este sábado, es que a la música de verdad -esa que no se arma en laboratorios, no se crea en frías agencias de publicidad y no se gesta mecánicamente en asépticos estudios de grabación- no alcanza con saberla tocar: hay que saborearla. Saborear la música es tener ganas de ser un hombre nuevo cada vez que se sube a un escenario, es reinventarse sobre la marcha sin saber dónde se va, es disfrutar de una nota por vez, es no temerle a saltar sin red. La seguridad es una mentira, un corset donde se quedan los mediocres, y el señor Damo Suzuki lo sabe. Por eso detesta los estudios, por eso hace poesía cantada mientras los demás hacen música sin ninguna línea, sin ningún límite, sin vergüenzas ni prejuicios. La música que se creó allí nos hizo saborear el momento, vivir ese segundo sin entender ni querer entender, sólo sintiendo y disfrutando. Y eso, mis amigos, eso es indescriptible.

Por eso no puedo hacer una crítica. Por eso sólo me queda seguir pensando en cuánta suerte tuvimos todos los que estuvimos ahí.

[Publicado originalmente el 8 de junio de 2009 en Rocktails.]

10 jun. 2009

Depeche Mode - Sounds Of The Universe

Depeche Mode
Sounds Of The Universe (EMI, 2009)


Tras otros cuatro años de silencio en lo que a estudio se refiere -tendencia que parece intencional, ya que el antecesor directo de su Playing The Angel de 2005 es Exciter, de 2001 y antes estuvieron Ultra en 1997 y el genial Songs Of Faith And Devotion en el '93- el trío inglés Depeche Mode vuelve a sacudir las bateas con la edición de un álbum de material nuevo al que han bautizado Sounds Of The Universe.

Cuando en 2001 salió Exciter (disco del que hablábamos arriba) muchos pensaron que la banda estaba dando sus últimos estertores de vida. Aquel álbum, que decepcionó por lo insulso (siendo que si algo caracterizó desde siempre al grupo, esto era su intensidad), llevó a muchos a pensar que había llegado el final de Depeche Mode y con ellos, del ochentoso synth pop. Esta idea, que se vio reforzada por la salida de Paper Monsters, el primer disco solista de Dave Gahan -el cantante del grupo- en 2003 y los consiguientes rumores de separación inminente, llevó a que la salida de Playing The Angel en 2005 fuera una recibida sin mayores expectativas.

Pero aquella apreciación probó ser un grave error: Playing The Angel, con su industrial oscuro, denso y casi rockero que revivía los tiempos de gloria de Violator (1990), fue la resurrección de Depeche Mode y les otorgó una renovada atención por parte del público. Aprovechando la tranquilidad que les dio el cumplir con creces, se tomaron otros cuatro años para -esta vez con más ansiedad por parte de la comunidad rockera de por medio- lanzar este Sounds Of The Universe. Y la verdad es que si bien este disco está lejos de su antecesor en términos de impacto, deja una saludable sensación.

Porque si Playing The Angel es el Violator del Depeche Mode del 2K, Sounds Of The Universe continúa en esta senda revisionista mediante un regreso a texturas que parecen sacadas de sus primeros discos (Speak & Spell, A Broken Frame) para que así la banda se despache con un disco que suena más synth pop que nunca. Gahan y su ladero Martin Gore volvieron a los viejos equipos y sintetizadores y -más relajados- elaboraron un exacto complemento al elogiado disco anterior donde Depeche baja la intensidad pero crece en tensión mediante crescendos cuidadosamente articulados y gracias a que la voz cantante se muestra en su mejor momento tanto artístico como creativo (las mejores canciones del álbum salen de su cosecha, de hecho: "Come Back" y "Hole To Feed" son dos joyitas).

Sounds Of The Universe es, en resumen, atrapante, intrigante. Es un disco difícil, que requiere varias escuchas para superar la sensación de anacronismo que las reiteradas referencias a los años '80 le imprimen. Pero les aseguro que una vez salvaguardado ese escollo, es la demostración -irónicamente, mediante constantes déjà vu- de que Depeche Mode está más vivo que nunca y que puede atraer tanto a viejos fans nostalgiosos como a neófitos deseosos.

[Publicado originalmente el 7 de junio de 2009 en Rocktails.]

9 jun. 2009

¿Faith No More y Alice In Chains en Argentina?

La próxima nota no es una crítica sino un comentario de unos supuestos futuros recitales que traerían a Faith No More y Alice In Chains a nuestro país. La encontré el mismo día en que escribí la crítica anterior y no pude dejar de reflejarla, obvio.



¿Faith No More y Alice In Chains en octubre?

Generalmente, en la prensa de rock suelen surgir rumores que ilusionan a más de uno y generan una alegría compulsiva. Claro que nadie suele creérselos por descabellados o demasiado buenos para ser cierto... Pero de vez en cuando llega alguno que otra buena nueva a la redacción de esas que hacen saltar a los redactores en sus sillas y nos ponen a todos en ascuas.

Es este el caso de la noticia que levantó el diario uruguayo El País y que da cuenta (sin condicionales, por cierto) de dos supuestas visitas que coincidirán en mes en nuestro país y que harán -de concretarse, claro- las delicias de todos los melómanos, y en especial de aquellos aficionados a la década del '90: se trata de las presentaciones de Faith No More y Alice In Chains.

Aparentemente, los recientemente reunidos y liderados por Mike Patton y Billy Gould ya habrían arreglado (amén de sus numerosas presentaciones en los festivales del verano europeo) al menos tres paradas en Sudamérica, de las cuales la noticia sólo aclara fecha para una: el 30 de octubre en Santiago de Chile. Lo que sí se sabe -siempre según esta fuente- es que el show en Buenos Aires sería anterior al que darían en el vecino trasandino. Veremos... Por ahora, tensa espera.

Mientras tanto, los capitaneados por Jerry Cantrell -y que cuentan en la voz con William DuVall en reemplazo del malogrado Layne Staley, además de los otros dos miembros de la alineación "clásica" Mike Inez en bajo y Sean Kinney en batería- llegarían (también según la noticia citada) al país en octubre para presentar su nuevo disco que, ya listo, saldrá al mercado en septiembre. Una buena, amantes de la música, es que a diferencia de los Faith No More esta visita sí estaría ya casi confirmada.

Así que ya saben, amigos amantes del buen rock: a esperar a octubre. Ahí veremos quién tenía la razón y quién -si es que alguien- se queda decepcionado.

[Publicado originalmente el 31 de mayo de 2009 en Rocktails.]

8 jun. 2009

Pez - El Porvenir

Segunda crítica de las publicadas en Rocktails, y en este caso me ocupé del último disco de una de mis bandas favoritas, los Pez. El disco, llamado El Porvenir, no tuvo una crítica de las más favorables y eso sorprendió. ¡Hasta alguno incluso se enojó conmigo!

Pero bueno, todo no le puede gustar a todos. Igualmente verán que no es tan negativa la cosa.



Pez
El Porvenir (Azione Artigianale, 2009)

Quince años de carrera y diez discos editados después, los Pez de Ariel Minimal siguen pensando en El Porvenir. O al menos eso es lo que nos quiere dejar saber el título de su undécimo álbum, editado una vez más por su pujante sello propio Azione Artigianale (que además aloja talentos como Gabo, Flopa y Juan Ravioli) en este 2009 y que, fiel a los mandatos de Minimal, marca un cambio rotundo respecto al último material grabado por la banda (Los Orfebres, 2007).

Pero -lamentablemente- a diferencia de las otras oportunidades, el adagio "temporada de patos, temporada de conejos" con el que los Pez se refieren jocosamente a sus constantes cambios no los ha llevado por el camino más acertado. Y es que El Porvenir está muy lejos (si bien muy cerca en cuestiones genéricas) de glorias como Quemado, Frágilinvencible o el autotitulado Pez de 1998 (al que sin embargo busca emular) por varias razones. Por empezar, se trata de un disco carente de la clásica profundidad lírica del grupo (sintomatología que puede rastrearse incluso en Ese Impulso Superior, el disco que Minimal grabara en 2007 con Florencia Ruiz donde las letras no eran de lo mejor tampoco).

Esto hace que las letras no contagien, repitiéndose en temas remanidos o excesivamente juveniles y llegando incluso a contradicciones como la que puede verse en "Roma", una canción que habla de que "las canciones salvadoras (...) no se pautan en la radio" con un acompañamiento instrumental -justamente- apuntado sin sutilezas a la FM; o las reiteradas alusiones litúrgicas (en "Porvenir" cantan "hasta que un libro me habló y sentí un sol brillando en mi interior" y en "Volverán" claman por "los seres alados" e incluso citan casi textualmente a la Biblia cristiana: "no verá quien no quiera ver") que se contraponen con la visión anti-clerical de otrora que se puede rastrear desde 1994 (en Cabeza grabarían "Dios No Existe") hasta su último álbum (el doblete "¡Salvajes!"/"Hay Lo Que Hay"). Por supuesto, si sobre esto no hay explicaciones de la banda, restará entonces al oyente hacer su interpretación: lo que yo veo como clara contradicción (sobre todo por la ausencia de clarificación), otro lo verá como cambio de opinión. Ustedes sabrán.

Pero lo que sí es claro es que todo esto no podría notarse si no fuera por una gaffe fundamental: es que otros de los caballitos de batalla de Pez siempre fueron el impecable sonido y la cuidada mezcla. Pero en este caso desaciertan y mandan la contestataria voz de Minimal (siempre contagiosa, emotiva) bien al fondo en favor de las guitarras. Lo mismo pasa con el piano eléctrico y el bajo, lo que logra acentuar aún más el efecto antedicho: el disco no contagia. No se logra superar su endeblez desde varios flancos, debilidad que -como se ha dicho- posiblemente se aliviaría con un sonido bien planeado (como sucede en sus presentaciones en vivo, que aún son meritorias, eso sí). Y es una pena, realmente.

A ver, no me malentiendan: un regular disco de Pez es un buen disco de cualquier banda, y es por eso que hay momentos de vuelo como el blues alla Litto Nebbia "Alada" o el bien instrumentado "Volverán" que de alguna manera salvaguardan el álbum. Pero en líneas generales, uno no puede hacer más que esperar, justamente, que El Porvenir traiga nuevo material para Pez, uno que vuelva a los mejores tiempos. En sus palabras: "no es sólo para mí, también otros aquí estamos esperando tu presencia; algo que vivir" ("Alada"). Ya lo saben, muchachos.

[Publicado originalmente el 30 de mayo de 2009 en Rocktails.]