3 abr. 2007

Genialidad automática


Para que yo corte la seguidilla de bandas under que agrupé bajo la amable etiqueta de joyas, tiene que pasar o haber pasado algo bastante interesante. Y sí, ese algo pasará más pronto que tarde. Es que durante este 2007, presuntamente en abril, el genial y por demás prolífico John Anthony Frusciante nos deleitará con la parte 2 de una joya que tuvo su alucinante comienzo en agosto de 2004: Ataxia. Allá, hace dos años y medio atrás, el bueno de Frusciante estaba en medio de su correntada compositiva más significativa, aquella que nos trajo seis discos en seis meses. Ya se había reunido con el multiinstrumentista Josh Klinghoffer y estaba por editar Shadows Collide With People y The Will To Death cuando se encontró con Joe Lally, bajista de los geniales Fugazi, y le ofreció ocupar ese rol en estas presentaciones. Pero de repente el siempre impulsivo (y siempre genial) John se dio cuenta allí, en ese momento, que necesitaba nuevas músicas y no usar a Lally sólo como sesionista. Su creatividad y el talento de sus compañeros lo inspiraron a crear de la misma manera en que lo venía haciendo hasta allí: despreocupadamente. Haciendo sólo música por el placer de ésta, sin planes ni preconceptos.

Así, con la improvisación como mayor fuerza compositiva, nació Ataxia, o Frusciante-Lally-Klinghoffer. La idea era simple: un bajo repetitivo y ordenado ensamblando largas discurrencias de guitarra y batería.
Ataxia, en griego, es "desorden". El concepto era éste, entonces: desordenar para crear algo ruptural, nuevo. Dos semanas en febrero del 2004 bastaron para que la banda compusiera suficiente material para dos álbumes: aquel Automatic Writing de 2004 y (el próximo a editarse) Ataxia II. Rock progresivo en la vena de The Mars Volta (amigos, claro, de John), impulsivo y poderoso. La voz de Frusciante (y consecuentemente la de Lally, el otro vocalista del trío) como una especie de guía maestra que une los diversos y heterogéneos fragmentos de música en un todo alucinante y, sobre todo, viajero.

Más allá de lo genial de estos tres tipos, y de como sin expectativas pudieron lograr un disco que impacta por calidad, ambición y creatividad, todo me pone a pensar en Frusciante. Su rol como guitarrista en Red Hot Chili Peppers sigue opacando de manera constante y algo exasperante una genialidad real y tangible, y una sensibilidad poco vista en el mundo del rock. Cierto es que los Peppers son los Peppers, pero a veces resulta redundante escuchar que, mientras éstos venden millonadas y son reputados como grupo clave del rock actual, Frusciante es prácticamente ignorado por el grueso del público. No así por la crítica, lo que sigue resultando molesto. De falta de qué adolece John? Publicidad? Marketing? Probablemente.

Por suerte los que ambicionamos algo más, podemos encontrarlo a Frusciante con su frágil voz y su estrambótica guitarra, haciendo un rock para sí mismo, para el mundo y, lo que es más importante, para la música.

2 comentarios:

Bless dijo...

Excelente blog, caballero. Es difícil encontrar esas pequeñas crónicas y grandes reflexiones en un solo lugar. Reciba mis felicitaciones.
Y me quedo con su último párrafo: "Por suerte los que ambicionamos algo más, podemos encontrarlo a Frusciante con su frágil voz y su estrambótica guitarra, haciendo un rock para sí mismo, para el mundo y, lo que es más importante, para la música."

Anónimo dijo...

¿Qué importa que el grueso del público escuche o no a alguien? No entiendo por qué te molesta que Frusciante no sea tan popular. El reconocimiento público no es signo de nada, se puede ser genial y famoso o genial y desconocido. La fama no dice nada y no veo en qué sentido deba ser algo que tengamos que desearle a un artista que nos gusta. ¿Nadie lo conoce? Mejor aun! Después de todo, el grueso del público no hace sino gastar y vulgarizar a una obra, rebajarla al nivel de cliché.